4 nov. 2011

Hyperpotamus (Bailad, zombies)

31 de octubre. Noche de Halloween. El metro va a reventar de pústulas, delantales de carnicero y Amys Winehouse integradas en el ya clásico botellón del suburbano de Madrid. Aquí no hay estilo, ni clase. Ésta es la fiesta del zombie Todo a 100. La auténtica noche de los muertos (susurra una verdadera gótica)  está en el otro extremo de la línea 5, en el Parque de Atracciones, con sus Animatronics gigantes, espectáculos y paseos de  verdaderos ‘muertos vivientes’.

Decido quedarme a medio camino: Gran Vía. Me temo que la noche va a ser larga ¿Cómo he podido prescindir de mi disfraz de Campanilla satánica punk? En el último minuto me decidí por el clasicazo rockera siniestra, es decir corpiño-vaqueros-botas todo ello en un negro inmaculado y un toque de cara lavada, que es así como sale la auténtica palidez de difunta. Paso desapercibida para los Carniceros siniestros walkings bones... ésa es la idea.












En el Centro, la marabunta de zombies clónicos es absurda. No me integro, pruebo a ver en la sala el Sol. Desgraciadamente también está tomada por gorros de fieltro picudos  y más moños winehouse incordiando. Aquí, al menos, no hay rastro de calimocho envuelto en bolsas de plástico. Creo ver a Mario Vaquerizo junto al merchandising.  

Al fondo, en el escenario hay un tío haciendo ruidos con la boca al que fácilmente se le podría clasificar de "raro", aunque un aire a Tom Hanks (joven) suaviza tal apelativo. Más allá otro Mario...
  
Lo más parecido a un disfraz que lleva Jorge Ramirez Escudero (Tom Hanks) son unos tirantes que le dan un toque funambulista. Ropa cómoda para moverse libremente por todo el escenario, saltar o flotar si hace falta. El cuerpo  de este tirillas se convierte en todo un instrumento,  o más bien en una orquesta completa con bailarines incluidos. Agarra el micro, suelta el micro, estira las piernas hasta alcanzar la pedalera con la que crea repeticiones de sus sonidos vocales generando unas composiciones que van de lo extraño a lo alucinante. Se golpea el cuerpo a modo de caja de resonancia, continúa su danza tribal en la batería (instrumento que tocaba en varios grupos hasta que decidió prescindir de él...¿para qué, contando con algo mucho más fácil de transportar como es el propio cuerpo humano?)  y volvemos a la batería  a través de la que Hyperpotamus sigue fluyendo, como lo hace el público, de donde surgen repentinamente  dos trombones que se unen en el escenario para rematar la fiesta en una traca final que me deja hipnotizada y no precisamente por cruzarme con el décimo Mario Vaquerizo de la noche.

A veces sueño con un aparato extractor de la música que cada ser vivo (entre los que me incluyo) lleva en su interior, directamente, sin cuerdas, zambombas, ni complicadísimas partituras de solfeo. Hyperpotamus no necesita tal instrumento puesto que él es su propio transmisor.


En esta extraña noche de Halloween, Hyperpotamus regala con la entrada su segundo disco "Delta" donde nos encontramos títulos tan sugerentes como "Una grande y libre", "Tetris in Zurich", "Strawberries fields forever"... grabado en Londres, donde reside actualmente, aunque se pasea desde que era un niño por Tokio, Chile, Londres, Madrid, Barcelona, Bratislava, California, Amsterdam, Berlin, Nueva York... he aquí el secreto de este espécimen autosuficiente que se autoedita, se autoproduce. Se autoconstruye en definitiva.  Aún conservo un email de éste hypermúsico en el que promocionaba su disco "Largo Bailón" (2009) que incluso  te  llevaba personalmente a tu domicilio si fuese necesario.
Salir afuera da muchísima pereza, todo lleno de fantasmas de papel higiénico idénticos entre sí que se repiten como loops indefinidos. Digo adiós a ése ser original y me sumerjo en una noche que sólo da escalofríos al comprobar que no hay ni un sólo taxi libre. Mientras espero a que abran el metro, saco algunas conclusiones y grito, imbuída del espíritu Hyperpotamico: "Bailad, cabrones"