21 feb. 2011

Demoscopia en la Heineken

La revista Mondosonoro se creó en los 90 para difundir y servir de plataforma a los grupos que no tenían voz en los medios convencionales. Dos décadas después, con los dinosaurios de la música besando el suelo, esta revista (gratuita) pasa a primer plano convertida ya en clásica. "Los pequeños se comerán los ojos de los grandes" sólo es cuestión de tiempo y constancia.

Si bien la fiesta demoscópica del 2010 se me hizo letal en una Heineken medio vacía frente a la estrella del cartel, este año (17/02/2011), gracias a los grupos emergentes elegidos, promete dejarme un sabor de boca algo más intenso. La Heineken no es mi sala favorita, el sonido nunca llega a ser bueno, siempre hace frio, no me dejan subir las escaleras para contemplar el escenario desde lo alto (zona vip), el público carca para mi gusto... el tipo carca de juventud que está de moda arropada en la rebequita de la abuela, el flequillo lametazo de vaca pegado con horquillas, barbas de montañero del asfalto, parkas de caribú, gafas intelectualoides de mesa camilla, negro, gris, marrón oscuro...

Marcus Doo & the secret family sería la banda ideal para el público que describo, aficionado al folk, pop, electro, minimal, estilos que Marcus Doo sabe mezclar. La cantante y actriz Rocío (única española del grupo) ataviada como manda la tradición en este tipo de música con un vestido de comunión rescatado del fondo del baúl. Blanco y puntillas. Lírica y grandes melodias que me transportan a tierras irlandesas, escocesas o en todo caso con mucho verde de fondo. Una delicia, la verdad.
Mucha poesía. No entiendo entonces porqué tanto murmullo en la sala. Consigo abstraerme a pesar de la pandilla de modernos que tengo delante y no dejan de incordiar, ellas con sus jerseys de lana... el pelo sintético de la capucha de uno de ellos que se me mete en un ojo... Les adelanto y me dejo llevar por los de Escocia, Francia, Estados Unidos y España aunque afincados en Madrid, tierra de todos y tierra de nadie.

Poco antes,
Fira Fem era el grupo encargado de abrir la fiesta. Cinco músicos que si se sienten jóvenes, que si que tienen ganas. Se nota que apenas llevan más de año con esta formación. Frescos en su rock electrónico instrumental no necesitado de voz ni de letras. Efectivos en levantar, aunque levemente, los pies que llenan el suelo de la Heineken


El público sigue contenido, no se lanza. De momento la única marcha la pone Jaggermeister con sus polaroids, su sirena y sus chupitos en tubo largo para todos.

Los Claveles, en segundo lugar, emulan a los modernos de la movida ochentera. Ellos mismos reconocen que su intención es sólo divertirse a si mismos y a quién se apunte a su fiesta "ellos tienen la fama, nosotros la imaginación, nosotros tenemos bilis, ellos nos producen sueño" El directo un poco pobre, no me enganchan y casi me quedo de momento con sus canciones en formato mp3. Aqui están ellos, aquí estoy yo "Muerta entre las flores secas que pueblan la A-42" (Nacional_42)

En realidad a quién todo el mundo espera esta noche es al artista canario-barcelonés ya consagrado cabeza de cartel Pablo Díaz-Reixa, alias el Guincho.



Y si que se hizo esperar hasta que
todo su equipazo de hacer música estuvo bien montado por los técnicos y con su supervisión personal. Pareciera que el conjunto no terminara de quedar del todo a su gusto haciendo indicaciones continuas al de sonido y a sus dos guitarristas que presentó como miembros de su grupo desde esta noche en adelante. A pesar de la no perfección sonora, una vez empezado el despliegue de temas: Bombay, Palmitos Park, Kalise, Costa paraíso... los chorros de vibraciones emanadas desde escenario obligan a dejarse arrastrar por el Pop negro, africano-tropical, la percusión y el ritmo. El exbateria del grupo Coconut consigue dar caña al público que por fin se abandona bastante entregado...

...las rebecas se abren en un intento de liberar por fin a nuestras abuelas de la esclavitud moral que les tocó padecer, veo gafas volar por los aires y parejas besándose y trios subiéndose al escenario. El violinista de Marcus doo acelera el ritmo hasta chirriar de exceso de placer, los encajes de primera comunión flotan sobre los cientos de brazos del público hasta la barra donde un contorsionista escupe cerveza por la boca.

No, ésto no pasa en una Demoscópica. Cuando todo acaba, salimos ordenadamente, incluído el de la parka que no tiene que hacer cola en el ropero porque no se ha deshecho de ella en ningún momento. Los treinteañeros medianamente satisfechos por haber rellenado una noche honrosamente. Nadie nos echó el humo ni nos mojó la camiseta. Una noche de jueves en definitiva agradable.