30 ene. 2011

La Joven Dolores


Eco, Dolores, Eva enamorada, Lot... Christina Rosenvinge disfrazada de sirena, ninfa y otros personajes míticos de mujer mete la cabeza en el maremagnun femenino para redimirla del pecado original y convertirla en Lilith libre de todo el peso fatal de la culpa que le impide crecer. Algunos nombres de hombre se mezclan en el intento: Narciso (el amante egocéntrico), Jorge (el hermano cómplice de juegos de infancia), Charlie Bautista (el amigo bueno), Benjamin Biolay (colaborador en el "Idiota en mi") y algún novio en fase de olvido. Todo ello planeado desde una isla mágica, Formentera, perfecta para inventarse un universo nuevo cosido a base de puntadas cuidadas, agujas afiladas, con esmero... el resultado: un traje elegante, deslumbrante, menos divino, más humano y muy singular.



El sábado 29/02/2011 asisto a la presentación del disco "La Joven Dolores" de Christina en el Ciclo de Coloquios Sonoros en CAMON Madrid. Delicada y delgadísima ella, diseña, se modela y desfila acompañada de su músico de cabecera Charlie Bautista. Parece que se va a romper cuando un único foco de la sala apunta a su cabeza. Aguanta el derroche de luz durante la primera canción, Eco, la ninfa enamorada de Narciso. Su voz transcurre limpia en forma de romancero hasta el fondo rio en el que se ahoga el mito en su propia belleza, mientras Eco, oculta en el fondo del bosque, se consume poco a poco quedándose en los huesos con la voz marcada para siempre por el discurso egocéntrico que Narciso le devuelve. El foco que radiografía a Christina se apaga, ella respira, bebe un sorbo de vino (al que todos estamos invitados) y se vuelve a zambullir en sus temas envueltos en una semioscuridad rara en una mañana de sábado donde fuera brilla el sol. La voz susurrante acompaña a sus dedos primorosos que dan puntadas a las cuerdas de su guitarra. En Debut, se declara aprendiz de costurera dispuesta a coser un traje a medida a un invitado especial que termina en un "El" que se alarga hasta el final de su nuevo e impecable disco.



Ojeo la Rolling Stone, revista donde el pret à porter se mezcla con la alta costura musical. En sus páginas centrales aparece una Christina privilegiada en su salón privado donde guarda sus útiles de costura (guitarra, piano y juguetes). Imagino el interior de sus cajones perfectamente ordenados, espacio impoluto entre la luz y la sombra, delicado y brillante. Silencioso y amable. El negro domina en su fondo de armario, quizá para compensar o quizá por sobriedad o por el contraste más puro sobre una piel tan blanca.

Vuelvo a la CAMON. Alguien enciende todas las luces de la sala. Ahora sí nos vemos las caras, sin sombras. Christina nos habla de su nueva colección de temas, sin pretensiones aleccionadoras. Sólo se trata de una búsqueda personal, aunque de paso no está mal colocar a la mujer en el lado que le corresponde, ni arriba ni abajo sino en el centro, desterrando topicazos que empañan la figura femenina y todo su increible potencial. Un lujo para los oidos cansados de ruidos extremos.

¿Conseguirá la sirena liberarse de la figura masculina a la que se aferra y salir como nueva del agua? ¿Nacerá una Eva nueva libre de las señales divinas? "una gota de semen hará que se quemen siglos de fé" Un niño balbucea y corretea durante el coloquio y a Christina le sale la vena maternal "-¿Quién reclama a su mamá?". Delicioso.