6 jun. 2010

Quique González y amigos en el Barcelona 8


9 horas en el mismo garito. Mi reloj puede mentir pero que está amaneciendo es un hecho. He batido un record de permanencia en un mismo bar y prácticamente sin moverme de la barra ¿Cómo se puede justificar ésto? (Miércoles 2 de junio)

A veces mis sentidos me engañan y me hacen creer que no vivo en el interior de un hormiguero sino a cielo abierto. Las cuatro veces que ésto sucede pego como puedo mis patitas al suelo para no salir disparada del laberinto de paredes de balcones, agujeros trampa y plagas de familias hormiga (en coches tanque) en el que me muevo, y a corretear como una pirada sin frenos en las noches tan largas como calles que nunca terminan...

Salgo del agujero de agujeros (Metro Sol), subo Espoz y Mina, tuerzo la esquina de la Negra Tomasa, y cruzo la invasión de guiris apalancados en las terrazas de los bares que llenan la calle Cádiz y continúan hasta la calle Barcelona. Por suerte para mi los guiris no tienen ni idea de quien es Quique González, ni falta que hace, ellos a sus sangrias y paellas sabor plástico mientras se entretienen mirando pasar a más guiris, que es lo que de verdad llena el centro reine el buen o el "mal" tiempo.



Qué uno de mis garitos base, en pleno Km. 0 de la capital, se llame Barcelona 8, dice mucho. Un lugar donde todo puede pasar, ya sea domingo, martes o un junio cualquiera. Qué se cae el bolo del dia... no problem! Quique González, que pasaba por alli, avisa a sus colegas César Pop, Menso, etc y a salvar la noche. Esto puede parecer un hecho insignificante para la multitud que sólo sale un viernes a tragarse la cola del Rock in Rio para ver a Rihana, a Shakira o a los mismísimos Pereza, o mejor dicho para ver a la figurita tamaño belén de Rihana, Shakira o Rubén y Leiva, el mismo día que otro Torres (Vikxie) tocaría junto a Xavi Aparici y Carlos Cros en la Orange. La ventaja de los que estuvimos en el Barcelona y tres dias más tarde en la Orange fue la de disponer de todo el espacio para llenar los pulmones de rock y con los protagonistas a tamaño real, nada de proyecciones en pantallas por muy descomunales que éstas sean.

Atravieso la puerta del bar a eso de las 10 de la noche, saludo al simpático Dani, a Ana Sinova regentando barra, Jorge Velo va por ahí invitando a cañas y canapés. Un lujazo. Me siento como en el salón de mi casa, sólo que en lugar del hueco de la tele hay un escenario para conciertos íntimos.

Una vez dentro compruebo que no es ni viernes, ni sábado, puedo respirar y moverme libremente sin temor a peligrosas pandillas abriéndose paso a codazos y sus cubatas mojándome la camiseta, cuando de pronto me encuentro frente a frente a Quique González dando vida y color al escenario, en plan informal esta vez, lejos del Bernabeu, de multitudes, restando cientos de vatios y espectadores, sin americana ni efectos de iluminación, entreteniéndonos al natural con su guitarra, su voz y sus canciones o las de César Pop; un ratito con Menso, hasta un principiante, no faltó nadie, ni la chica (Rebequita Jiménez) Que más puedo decir... que sonó de puta madre.




y es un hecho que salí de allí amaneciendo, sin sueño y a cielo abierto.