5 mar. 2010

TULSA y Rosenvinge en El Sol

2 de Marzo de 2010 en Madrid

Melancolía, profundidad y "ese algo especial" es lo que, por fin, he encontrando en una mujer, Miren Iza, que saca la cabeza en este mundo del pop-rock tan marcado por la testosterona donde lo femenino parece ser algo puntual. Tan puntual e insignificante que el primer comentario de varios colegas, días antes del concierto, fue más o menos: -Ah si! la chica de ese grupo, cómo es? Tulsa, pero no es muy agraciada, no? en cambio la Rosenvinge... esa si que está buena...- A esto se reduce la comprensión musical de la mitad de la población de este país. Pero no quiero generalizar...





Alguien me invitaba hace un par de semanas a este concierto en la sala el Sol. Me apunté sin tener ni idea de que iba ese grupo con nombre de ciudad petrolífera americana, y con ganas de volver a ver a Christina en su mejor momento. Sólo unos días antes me descargué "Espera la Pálida" segundo disco recién nacido de este grupo guipuzcoano. Desde el segundo 1 me enamoré perdidamente de "Matxitxaco" lo que me llevó a recorrerme todo el disco como si del cuerpo de un amante desconocido se tratase, y como no tuve bastante, me empapé del primero: "Sólo me has rozado" Ahora estoy en la fase de enganche. Mi mp3 lo tiene claro y se enciende con la voz áspera de Miren deshaciéndose lentamente entre las volutas de un cigarrillo mientras canta aquello de "Contigo he tocado el cielo y por supuesto el infierno... también"

Esta noche está apunto de llover. Se masca en el ambiente tranquilo de martes. Desciendo los peldaños de la sala elevando la barbilla y cruzando los pies escalón a escalón de esta escalinata sinuosa especialmente indicada para lucirse en plan estrella. Voy a recoger el premio a la mejor espectadora del año, que me está esperando sobre el escenario.

El foso está a completito. Rosenvinge llena fácilmente. Hay mucha parejita gay, detalle del que no me había percatado hasta que me lo comenta Elvi, bajista y estudiante de oposiciones, los músicos de hoy en día están abocados a llevar una doble vida laboral si quieren sobrevivir, aunque tampoco me dan ninguna pena. ¿Quién no tiene una doble o triple vida en estos tiempos? Ellos al menos tienen la música como algo a lo que aferrarse cuando les falla todo lo demás. Yo me agarro como puedo a las notas que ellos que me lanzan y me convierto en un animalito a la caza de migajas que aplaquen ese rugido interminable en mi estómago.


Tulsa es la banda elegida para anestesiar esta noche mi agujero infectado de larvas de bichitos hambrientos que, con alguna suerte, se acaban transformando en mariposas. Junto a Miren, reconozco a un músico habitual en muchos de mis conciertos, Charlie Bautista. Me lo encuentro tocando junto a Russian Red, Havalina, Underwater Tea Party, Garaje Jack e incluso más adelante con Christina; me lo cruzo en el concierto Pro-Haiti de la Galileo; en sus ratos libres, me cuentan, se convierte en promotor de festivales y currante en alguna discográfica; toca todo tipo de instrumentos y habla 8 idiomas (me temo que esto también pudiera ser cierto) ¿De donde sacará el tiempo?. Completando la formación: Miguel Guzmán y Gabriel Marijuán, guitarra y bateria.




















Elvi
y yo estamos muy bien situadas en segunda fila hasta que se nos cuela una tía altísima. Detrás de mi crece un murmullo irreverente que no se va en todo lo que dura el concierto y hecho de menos como nunca una cámara de vídeo. A pesar de estos inconvenientes,me resulta muy fácil dejarme llevar por la música que emana del escenario en forma de rió aterciopelado, para nada frágil y por supuesto profundo. Hay personajes que no está conmigo esta noche, y es lo único que hace imperfecto este momento. Gente con la que he conectado tanto como para saber que es imposible que algo tan peculiar dure demasiado y aún así sigo intentándolo, incapaz de volverme normal, responsable y formal

"Pero si somos dos antros de exclusividad .. cómo haremos para no matarnos casi antes de empezar" (Miedo a lo conocido)

Más adelante, Christina visita al psiquiatra desde su teclado en una de sus canciones, quien le recomienda buscarse a un tipo normal, de esos con traje y raya perfectamente planchada dividiéndole la cabeza. Su voz se convierte en un susurro cuando, entre canción y canción, se anima a contarnos algo personal.



Este semi-acústico me está resultando delicioso. Miren Iza canta replegada sobre si misma muy al estilo folk que últimamente prolifera tanto, mientras rasguea de una forma extraña su acústica como si se le fuera a caer en cualquier momento (visualizo a mi profe de guitarra escandalizado parando el concierto para colocarle las manos correctamente), apenas se mueve, ni se molesta en interactuar con el público (en alguna entrevista he leido que no se encuentra muy cómoda en el papel de mono de feria) toma una pose muy de cantautor porque tiene algo que contar. Me parece increíble que esta chica sea la misma que cantaba y tocaba el bajo en Electrobikinis, su anterior banda punk-rock, con un desparpajo que nada tienen que ver con lo que nos ofrece ahora en Tulsa. Sinceramente, prefiero a la Miren de esta noche, toda magia, nada de artificios, sólo historias envueltas en una melodía encajando las letras. Paisajes grises, de lluvia, de desamor... romanticismo elegante pero sin ñoñerías ni vestuarios complicados.
Me apunto esta estrofa de la "Golue" para llevármela a mi próximo viaje.

"Y ahora que soy inmoral me he prometido pecar
y abusar de todas la bocas que vea pasar.

Solo si dices cariño “que mueres por mi”
tendrás derecho a hacerme sufrir"

y después de esto se atreve a rezar "A mis brazos" versionando "Into my arms" con una sinceridad que ni el mismísimo Nick Cave.


De Christina destacar que la vi más parlanchina que en otros conciertos, mucho más cercana, saboreando con la dulzura de siempre "Tu labio Superior" intercalado con canciones nuevas y otras de anteriores cosechas, junto a la violonchelista Aurora Aroca y por supuesto, Charlie Bautista a la guitarra, al teclado, al violín...


Ya en la calle cae una lluvia suave muy del norte. Los adoquines brillantes me conducen hasta otro garito donde me uno a un par de colegas. Pido un "Limonakis":


“oigan, ¿tienen algo de beber?”

y su indiferencia mató mi sed"


Creo que no me entienden. Me encuentro fuera de lugar. No es ésta la forma en que quiero cerrar la noche y me largo sin más