21 mar. 2010

THE MOVEMENTS en el Wurlitzer

THE WORLD, THE FLESH AND THE DEVIL

En aquella época (hace 10 dias) todo parecia casi en su sitio apesar del frágil equilibrio en el que nos movemos. Escribo gravitando en torno al tiempo, elástico e imprevisible que unas veces se esconde tras una curva como si no fuera a pasar nunca y otras te arrolla como un trailer cuesta abajo dejándote con el cuerpo pegado al suelo y la cabeza colgado mirando al vacio.


Pero regresemos al pasado feliz (noche del 10 de Marzo) Irene (la ex-punk anteriormente conocida como Svet) y yo quedamos en Gran Via para meternos en algún garito con marcha. Nada de poperos ni cantautores esta vez. A veces el cuerpo te pide caña y qué mejor lugar que uno con olor a eterna juventud con visos setenteros: el
Wurlitzer.

Llegamos al final de una banda madrileña,
The Cabernet, a la que apenas vemos el pelo. Aparcamos nuestras cosas junto a la barra mientras pedimos nuestra primera dosis de alcohol en vaso pequeño para ir calentando. Detrás de nosotras, una fila de rubios de aspecto nórdico contempla el escenario. Nos metemos un par de tequilas como el que se toma su medicina de las 22:30 para mantener en orden una enfermedad imaginaria, mientras, Irene se deshace de la manga larga invernal desplegando todo su sex-appeal. Miro de reojo a los rubios, se hacen los suecos, algo que se agradece de vez en cuando. Evidentemente se trata nórdicos auténticos, los machos patrios ante una situacion así,ya estarían babeando a nuestros pies sobre todo en un lugar como el Wurli donde el genero femenino escasea.

Pronto descubrimos que los nódicos paradillos son los integrantes del grupo que se sube a continuación al escenario:
The Movements. Pregunto al camarero. No se hacen los suecos, lo son, y de paradillos... poco, muy poco o casi nada. Se acaban de convertir en unos garajeros con tendencias pukarras y formas neogrunges, con todo un Sid Vicious a la cabeza que muy pronto se deshace de la camiseta para mostrarnos su blanca palidez decorada con tatoos y una incipiente barriguita cervecera muy prometedora. Nadie diria que acaba de superar al demonio en una batalla particular contra el cáncer, "Sid" se baja en varias ocasiones para alternar con el público (más bien escaso) nos enchufa el micro, se sube a la barra, se contonea como una Shakira sin millones ni velos, de un salto se planta de nuevo entre nosotros... El tipo es flexible, como su voz. Ire y yo no paramos de brincar siguiendo las distorsiones guitarreras perfectamente articuladas entre el Sinte y la bateria. El ritmo crece y The Movements despliegan todo su potencial en "Going to your house" un concentrado de sonidos clásicos del rock con su psicodelia, sus wah wah, su tormenta eléctrica con tendencias futuristas. Saltan chispas, acelerando y desacelerando la maquinaria perfectamente engranada para que no se escape ni un solo grito fuera de la montaña escandinava. Ma agarro de la melena del guitarra para no salirme antes de tiempo de la atracción que estos tipos del norte diseñan en un espacio reducido como es el escenario del Wurlitzer. Frenan antes de tomar tierra creando un dramatismo a base de notas de cuerda. The Movements tienen una habilidad de conservatorio unida a una energía sixty muy lograda. Pedimos bises, uno, dos y hasta tres. Los suecos se despiden intercalando algunas palabrejas en castellano. "¡¡Amigos y señoritas, Los Movimientos es rocking para tu bonita pais. Arriba!!...Pardon mi español!

Nos bajamos al merchandising regentado por el bateria tan relajado que parece no haber movido un músculo en las últimas dos horas, a sus pies descansa una gran bolsa de IKEA (normal, esta gente es originaria del pais del famoso mueble de usar y tirar) Apostamos si se han pasado por la mega tienda de Alcobendas a comparar precios o se traen la bolsa del mismísimo Göteborg. Irene se anima a preguntar... efectivamente ¡Ikea de Alcobendas! No sabemos como reaccionar ante una respuesta tan inesperada, asi que me intereso por una de las portadas de sus discos "For Sardines space is no problem" dedicado al primer astronauta sueco que viajó al espacio en el 2006.

-"Amm, this album is different from the others" nos comenta Thomas Widholm (drum man
). Spacerock puro, parece ser, y nos regala un par de chapas que saca de la gran bolsa mientras nos quedamos paradas frente a las carátulas de los cinco discos sobre la mesa.





El resto del grupo, David Henriksson (cantante) Gustaf Gimstedt a la Farfisa, Christian Johansson (guitarra) Daniel Pettersson (bajo) permanece el resto de la noche confinado en la pequeña habitación, junto al baño, que hace de Backstage. Eso no es muy normal para un grupo garagero, que, como los The Cabernet, deberian estar mezclados entre el público ganandose adeptos. Supongo que se han percatado de que están en Madrid, ciudad en la que intentar mantener una conversación que no sea en castellano es inverosimil, asi que los dejamos emporrándose en silencio.

Respecto a nosotras, bebemos más de lo normal, ligamos mucho más de lo que quisieramos, nos vemos obligadas a pasar por lesbis con pico incluido para quitarnos de en medio a unos petardos tan subiditos de grados como nosotras, beso a un tipo que me pasa 5 euros para pedir una birra en la barra, deposito el billete sobre la barra y al ir a cambiarlo por la botella descubro estupefacta que el billete ha volado. Me veo envuelta en una bronca entre el prestamista de los 5 euros y el camarero que no sabe de que va la vaina. Encienden las luces, aprovechamos para esfumarnos en medio de una trifulca que nadie entiende.
En la calle hace un frio húmedo que nos obliga a caminar deprisa en dirección contraria a nuestro destino viendo pasar taxis libres hasta que nos damos cuenta que tenemos pies dentro de las botas y está amaneciendo. Debió pasar una hora desde que huimos del Wurli. Agotadas, perdidas, borrachas e incapaces de parar una de esas lucecitas verdes sobre ruedas. Creo que fue un taxista el que se paró en seco recogiéndonos como a dos autoestopistas voladas en una carretera sin horizonte.

Desde entonces, han pasado 10 dias como 10 trailers interminables sobre mi cuerpo. Aún no se muy bien que hacer con mi cabeza paralizada frente al vacío, hipnotizada viendo objetos personales caer para siempre hacia el fondo del abismo. Sé que cuando vuelva a entrar a cualquier garito la música me va a doler como una aguja clavándose sobre la piel intentando coser inutilmente una herida que sangra hacia dentro. Me temo que el alcohol no va a ser suficiente.




Dedicado a mi padre. Su música siempre vivirá en mi.