21 feb. 2010

LUIS AUSERÓN en el Barcelona 8


Un punk en ese otro bar de moda


Viernes noche 19 de febrero. Me escapo de una ciudad dentro de la ciudad (espeluznante) donde los habitantes soportan su cruz hacinados en habitaciones compartidas entre visitantes y virus que campean libremente por pasillos, televisiones-hucha, agujas y sondados de diversas categorias. 0 ganas de salir de fiesta ¿para qué? si no somos nadie, si la vida son dos dias mal contados, si hoy estamos aqui pero mañana... cambio el chip a toda velocidad: Mientras no nos quede otra que rodar por este puto mundo plagado de enfermedades, muertes y catástrofes naturales, lo que hay que hacer es burlar al destino pisando el acelerador en dirección Sol donde el hermano pequeño de los Auserón se encuentra en un acogedor bar de la zona desde las 21:30 dándole vidilla a su nuevo disco Rubbish Garbaje Junk Punk. Energía pura de ayer, hoy y siempre.

Lo que se me suele olvidar es que Madrid es un cuello de botella con un tapón a presión que ahoga la circulación. Cuando me acerco a la zona roja: Alcalá, Gran Vía, Sol... me dan ganas de quemar el coche para siempre (mi problema es que le tengo un amor irracional) Intento escapar de la increible hora punta nocturna. Pasan los minutos, pasan las horas y me planto a las 23:30 delante de la luz celestial de un parking libre. Mi cara de velocidad se pega al volante para recorrer el bucle que baja hasta la 3ª planta sótano.

Subo a la calle y mis piernas nerviosas se paran en seco en el km. 0 donde Svet me espera muerta de frio. Yo me muero de hambre. Devoro un perrito con todos sus ingredientes extra mientras caminamos deprisa hacia el Barcelona 8. ¡Qué estrés! Somos conscientes de que el concierto ha terminado. Da igual, ya solo quiero llegar y beberme algo acompañada del bullicio en un bar amigo.

Una vez en el Barcelona, los instrumentos siguen sobre el escenario. Pregunto y...¡Estoy de suerte dentro de la calamidad! al parecer la cosa todavia no ha empezado. No me da tiempo a saludar a unos y a otras cuando un tipo delgadito, de aspecto sospechosamente juvenil (Luis Auserón) empieza a sonar acompañado de otra guitarra y un batería. Me rodea gente que parece contenta ajena completamente a la tragi-cómica realidad de los hospitales de la SS. No pensaba salir esta noche y sin embargo aquí nos hemos juntado un grupito muy apañado con ganas de beberse toda la música disponible y, por lo que huelo en el ambiente, la resaca va a merecer la pena.

Nunca fui fan de Radio Futura, ni siquiera del hermanísimo Santiago Auserón, pero es que yo nunca fui fan de nadie hasta que me dió la vena de ir de conciertos a principios del 2000, época en la que unos niños que acaban de entrar en el bar y que observan con total desinterés al personaje que toca hoy en el escenario, empleaban sus tardes de viernes haciendo los deberes de la ESO junto a sus padres, quienes, a su vez, en tiempos de la Movida aún ni se habían dado el primer morreo, y para entonces, los huesos de Ian Curtis se deshacían mezclados con el polvo de su último agujero infernal.

La primera sorpresa de la noche es que Ian acaba de resucitar de entre las cuerdas vocales y de la guitarra de este co-fundador de la Primera Movida madrileña, con una canción mitica: "Atmosphere". Por supuesto, no se de que va este gran temazo, pero para eso tengo a Mariano y sus hermanos nacidos en tierras del Sonorama, alucinados ante tan increible reencarnación y me ponen al día. Yo me solía fijar en otras cosas. No es que sea tan insultantemente joven como los chicos de la ESO, es que en los 90 yo estaba demasiado metida en el pop (aunque con el ADN del Woodstock latente) Me concentro en el look de este tipo que podría pasar por cualquier colega con su camiseta de pintor graffitero, sus jeans y sus zapas futuristas moviéndose sobre el escenario con una soltura propia de un skater que se lanza sin miedo a versionar temas como "Hurt" de NIN, "Without you I'm nothing" de Placebo, "Candy" de Iggy Pop (ésta le viene como anillo al dedo) y con la facilidad de quien cambia la gorra por un sombrero, nos brinda alguna de Sinatra. Todo ello en un tono de bajista punkero con los ojillos afilados que parecen decir "chicos cuidad de vuestras cosas de valor y sobre todo de vuestras chicas"... Respiro y busco mi bolso. Intacto.

De todas formas me dejo invitar a una birra por el dueño y Sr. del local, Jorge Velo, otro que ama la música más que a nada, su forma particular de demostrarlo es fabricándose su espacio a medida donde cantar cuando le plazca sin tener que dar cuentas a nadie. De vez en cuando invita a su escenario a gente de la categoría de Auserón, que se lo está pasando como un enano tocando canciones que le llegan al alma (en un inglés personal) sin otro objetivo que divertirse, sin pensar en números 1 ni en el monstruo decadente de la industria discográfica.

Los hermanos segundos siempre me cayeron bien.

Esta noche por supuesto que hubo tequilas y fotos, hasta cayó en mis manos un Vinilo firmado por el mismísimo héroe de la Movida, gracias a Berenice (Rosevil Productions) Quién le iba a decir, cuando escuchaba a Radio Futura allá por los 80 en su México natal, que algún dia acabaría currando tan cerca del mismísimo Luís Auserón. La vida da muchas vueltas.

Sin saber cómo, la mañana siguiente me pilla saltando de un colchón amigo ("-Lo siento, me largo, creo que anoche me dejé olvidado algo importante"-) hasta el subsuelo lleno de gente extraña que me mira como si se les acabara de aparecer el "fantasma de la transición" Tras varios trasbordos y muerta de resaca, llego hasta el parking de Sol donde localizo a mi coche completamente solo. Bajo la ventanilla, saco la mano para meter el tiquet por un valor de 27 euros y me largo, no sin antes apuntar con el dedo corazón a ese poder sobrenatural que se cree tan fatal: el destino.