16 oct. 2009

KNOW I´M JUST A SINGER-SONGWRITER (But I like it)

Festival Coca Cola de Cantautores independientes. Jueves, 15 de Octubre


Josh Rouse, Rosenvinge, Victoria Williams... Esta noche tocaba concierto de Alejandro Martínez pero justo antes de calzarme las botas que me hacen sentir más rockera, decido cambiarme a las gris perla. Me motiva más el festival de cantautores financiado por Coca Cola en Joy Eslava. Imaginaba una cola larguísima a las puertas de la disco obstaculizando el rio de gente habitual que va y viene por Arenal y las entradas agotadas. Nada de eso. Tranquilidad absoluta en los alrededores. Compro dos entradas a 25 euros casa una. No me parece excesivo para 5 artistas, casi todos de primera. Luego me cuentan que en Atrápalo y en varias revistas independientes regalaban las entradas. Observo que la mayoría de los que entran al minifestival lo hace por la puerta lateral, tiene pase o invitación. Es lo que tiene improvisar, unas veces se pierde y otras lo pagas. El interior de la Joy se ha reconvertido en el teatro original que es, con su foso decorado con mesitas y sillas para disfrutar de una noche tranquila. Muy íntimo. Nada hace sospechar la músicaza que se pincha de madrugada, entre guiris pasados, si no es por la gran bola que cuelga del altísimo techo.

Decido hacer algo que me prohibe mi religión excepto si es para conducir de noche, ponerme mis gafas de miope. No desentonan en este ambiente como intelectual y me permite ver nítidamente en el escenario a Simone White, cantautora americana de voz suave y límpia acompañada de su guitarra suave y limpia y su vestido blanco inmaculado con volantitos ribeteados tipo cuakera dominical.

Una media hora después, Victoria Williams, también tipo cuakera pero minutos antes de meterse en la cama con un despeinado natural, gesticula continuamente, se la ve más suelta con un poquito más de nervio y aplomo, disfruta en el escenario. Tiene otra actitud, más experiencia, más personalidad que Simone, a la que quizá sólo le falta un poco de recorrido vital.

En cuarto lugar (me he perdido en algún momento a Spoon River) entra Christina Rosenvinge en escena enfundada en unos pantalones rotos negros. Mucho mejor, no podria soportar más blanca pulcritud sobre el escenario. Comienza casi susurrándonos la historia de como a su abuelo, allá por los años 30, le ofrecieron participar en un negocio con perspectivas alagüeñas consistente en una novedosa bebida negra y dulzona. El hombre de posibles pero no muy convencido rechazó la oferta. Se trataba de la Coca Cola, patrocinadora del festival en el que la nieta del empresario prudente participa esta noche. Sin duda a Cristina le pega más refrescarse con esta bebida de ingredientes secretos que con cerveza; jugar con niños, contar cuentos en el área infantil de una ludoteca... Ya no es una niña ni un angel pero seguro que en algún momento de su larga trayectoria pactó con el diablo a cambio del secreto de la eterna juventud (al igual que Mariano, mi madre y yo) Sus canciones siguen siendo encantadoras, juguetonas aunque traten de temas de mayores como el sexo entre parejas infieles, amores rotos o puñaladas por la espalda.

Mi labio superior te acaricia y te emboba, te emborracha de dulzura unas veces apoyada en la guitarra, otras sobre el piano de cola. La puesta en escena de esta noche es espectacular, gracias a ello Christina brilla con más esplendor y porque además cuenta con una banda de lujo: Aurora Aroca al chelo, Chano Bautista a la guitarra, y un percusionista. Hacia la mitad nos sorprende con un tema inédito: Eco, la historia de la ninfa casquivana que enamora con su voz a cualquier dios o humano que se cruza por su camino hasta que la envidiosa diosa Hera le priva de su voz obligándola a repetir las palabras de los demás. Un dia Eco conoce a Narciso que por supuesto la ignora por considerarla una loca depravada, asi que Eco acaba desquiciada con el corazón roto y sus palabras rebotando entre montañas, mientras Narciso muere atormentado enamorado de su propio reflejo.

Todas las niñas y niños sentaditos con la boca abierta aplaudimos a la cuidadora buena que nos cuenta cosas tan bonitas. Bebo un trago de la cerveza que me han puesto en vaso de plástico, será para que no nos entren tentaciones de tirar las botellas de cristal a los cantantes malos... he pagado 5 euros por una cerveza, creo que me merezco un vaso de cristal y estas chicas lo están haciendo demasiado bien.

Remata esta adorable noche Josh Rouse con pintas de profe de Harvard (más que de aux. administrativo) y su banda: el pianista, un científico despistado, el del contrabajo escondido detrás del que toca la guitarrilla, Josh pidiendo que alejen el foco que le impide ver al público -"pues si, parece que si que hay gente", saluda en castellano y aparte de su repertorio "serio" se canta una canción que habla de paellas en la playa. Al parecer una novia española le ha abierto la boca introduciéndole este nuevo idioma que paladea con un placer que no disimula. Algunos consideran que este tipo de canciones insustanciales rompen la elegancia de este americano tan de Nashville como ahora de Valencia. A mi me parece que un poco de humor le viene bien hasta al crítico más pedante. No todo en esta vida debe ser rigor y perfección. Que se caigan las estrellas y rompan el compás más a menudo los hace más humanos. Isadora y yo nos hemos subido a la última planta del teatro desde donde disfrutamos de una panorámica espectacular: Rouse y sus científicos se mueven como muñequitos con una sincronia de maquinaria suiza.

A las 11 ya estamos en la calle. Lo que pega ahora, despúes de un concierto tan agradable seria cenar algo en un restaurante coqueto y a las 12 meterse en la cama para soñar cosas tranquilas y ordenadas. Deseable no perturbar el orden creado. Sin embargo, nos comemos un trozo de pollo frito hormonado del KFC donde un par de chonis americanas hacen tiempo antes de la sesion Fever de la Joy. Entre tiras de pollo maltratado y patatas congeladas, se cuela en mi mente depravada Alejandro Martínez (otro músico de nombre sencillo, parece ser la moda) recordándome que está tocando en un bar muy cercano, el Barcelona 8 Pillamos el final. Parece que su mini banda está en plena ebullición con su último tema: "y jugarán a dejarse querer a dejarse besar y luego se irán a la cama a tener Orgasmos Modernos"...y su docena de seguidores saltando y gritando al unísono la que parece ser la canción estrella con pinta de bis. A punto de pedir en la barra, el local se queda muerto tras el subidón orgásmico, asi que decidimos cambiar de bar para hacer un poco más de noche. Sólo es la una. Nadie conocido excepto un tipo guapo de estatura media, media melena y camisa ajustada de cuadros que últimamente me encuentro en mis recorridos habituales. Un hola y un ya nos íbamos cierra la mini conversación y casi casi la noche. ¿Porqué bebo cerveza si me sabe amarga y atonta? ya va siendo hora de volver a la cocacola con sus gotitas de ron, tan dulce y despierta. Nunca debí sustituirla por otra.