8 sept. 2009

Antonio Vega en Clamores

OLDIES

Una noche de Noviembre de 2003

Elixir de juventud

Al principio de los tiempos, en una mañana de primavera, caminaba feliz de la mano de mi madre cuando nos detuvimos junto a un hombre muy alto obviamente (con 4 años mi campo visual no subia más allá de las ruedas de los coches ni de las rodillas de los mayores) que bajó la cabeza para saludarme, enseguida descubrí que aparte de grande y bonachón debía ser muy anciano por la lentitud de sus movimientos y por las arrugas profundísimas hundiendo su piel. Fui consciente por primera vez del envejecimiento de los cuerpos y del paso del tiempo. Ese señor parecía dibujar con su bastón su última trayectoria vital, que no mental (cada persona nace con una edad idílica determinada que mantendrá toda su vida) Empecé a calcular... si tengo 4 años y ese señor x, me quedan x-4 años antes de que llegue mi hora fatídica.. me pareció demasiado cruel tener que dejar de ser niña en esta maravillosa vida llena de luz y color para desaparecer en la oscuridad total de la nada...

Tan inversosimil como que Antonio Vega esté ¿muerto?.

Sé que Antonio está con Elvis, Jim, Jeff, Kurt, Janis y Nino Bravo, todos ellos encerrados en el garaje secreto de alguna playa de California o del Mediterráneo componiendo canciones increibles que sólo algunos privilegiados podrán disfrutar eternamente si saben dar con la contraseña correcta. Rezo por dar con la clave a tiempo.

En Otoño de 2003 cientos de locos por los huesos frágiles del eterno veinteañero Antonio Vega me apretujaban entre las mesas y una columna de la sala Clamores con un aforo disparatado. El dueño del local nos empujaba como a japoneses en el metro para encajarnos en forma de miserables piececitas de un lego comprimido. Mientras sus ojos se forraban de € mis ojos, casi con la barbilla pegada al escenario no alcanzaban a ver nada más que las rodillas del cantante, hasta que el Señor Grande se sentó y agachó la cabeza hacia su guitarra y pude descubrir a un tipo extremadamente delgado, de melena lacia y arrugas muy profundas que nos miraba como un perro desvalido sin ánimo de esconder ya ningún hueso más. Parecía que se iba a caer de un momento a otro de la silla. Todos nos quedamos mudos, creo que temíamos que si se movia o en cuanto abriera la boca se romperia en cachitos diminutos.

Entonces sucedió el milagro. Antonio Vega agarrado a su guitarra con una seguridad y una suavidad magistral comenzó a resucitar con su voz interna en forma de canciones perfectas, materia oscura balanceándose en melodias brillantes fluyendo en un océano en falsa calma, lleno de peces de colores conviviendo con pirañas y barquitos pirata desapareciendo por el borde del mundo redondo. Abajo los peces de colores y las pirañas nos dejábamos llevar sin miedo, como piezas de un ajedrez desordenado arrastrados por la corriente. En alguna décima de segundo sus ojos se cruzaron con los míos, no pude soportarlo "Aun hoy soy capaz de imaginarme temblando como un niño de impacienca, Vibrando al sentir una presencia que me arrastra hasta su piel, Sin avisarme..." Siempre fui muy tonta para estas cosas y una vez más me sentí como la Chica de ayer que siempre llega tarde.

Decían en aquellos dias que Antonio estaba en su final. Después de una vida luchando con el monstruo que habita en nuestro interior parecía a punto a perder la partida y se refugiaba en salas pequeñas como Clamores donde mendigaba lo suficiente para poder aguantar otro mes. Paradójicamente se veia obligado a tocar tres dias seguidos puesto que la sala siempre se llenaba y siguió llenado hasta la primavera del 2009.

Aunque el repertorio hubiera consistido en repetir La chica de ayer una y otra vez eso nos hubiera bastado. No era el caso. Lucha de Gigantes, El sitio de mi recreo, Se dejaba llevar, Una décima de segundo, Materia oscura o la última Montaña, Estaciones, Anatomía de una ola, crecían y crecían en su Océano de sol. Imposible no dejarse llevar por la magia del poeta perfecto, con música la poesía gana el vuelo y tanta poesía se llevó muy lejos a alguien tan frágil.


Seguro. Antonio Vega no está muerto. Hay quien decide tener hijos para asegurarse la eternidad, pero eso es sólo una sucesión de vidas en el espacio terrenal, hay quién no saldrá nunca de la guardería y hay quien escribe canciones perfectas para ganarse un sitio en el garaje de los dioses, siempre veinteañeros, junto al mar bebiendo el elixir de juventud.

"A medio camino
Entre el ser mundano y el poder divino
si tuve los destinos
entre la razón y el loco desatino
fue porque conocí juegos prohibidos
Para morir viví, muero por estar vivo"
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Desgraciadamente no tengo imágenes de aquel concierto inolvidable.