15 jun. 2009

The Good Company

Madrid, 14 de junio. Calor, calor. calor...




Vuelve la ola de calor a Madrid y de nuevo el Gel de Onán en forma de Sergio Pueyo como solución contra el aletargamiento que provoca el verano sobre una ciudad de interior, sólo que esta vez, aportando un extra de eficacia, se suma Victor Ordoñez. El resultado: The Good Company. Hay mucho canario suelto esta noche en Picnic lo que me recuerda que existen los lugares paradisíacos, lo que no es asfalto, el olor a mar abierto y no esa botella de plástico donde guardo agua con sal yodada desde el año pasado.

Me acompaña la pandi más variopinta de Malasaña. Para hacer tiempo nos metemos en un bar sin aire acondicionado, la luz va y viene como en los tiempos en que medio barrio se quedaba a oscuras al llegar la tormenta. Ahora lo que pasa es que la dueña del bar ha comprado un electrodoméstico llamado ventilador que cada vez que lo enciende se sobrecarga la red. Así es Madrid, con sus baretos, con sus temperaturas radicales, con sus gentes extranjeras, excepto yo, que si que nací aquí.



Para ver a TGC hay que bajar las escaleras del Picnic directas al sótano. Me pregunto si eso de los conciertos es una cosa que hay que esconder en los bajos fondos como algo oscuro y perverso... antes de terminar la escalera me tropiezo con una mano que sale de la barandilla, temo que me quiera tocar las piernas (me rio nerviosamente por no gritar) por suerte no es así, detras de la mano hay un tipo junto a una mesa y unas pocas monedas. Sólo quería cobrarnos la entrada: 4 eurillos.



En algún lugar anunciaban que éste iba a ser un concierto especial. Abro los oídos y los ojos aunque me cuesta entre tanta penumbra. Sobre el escenario, decorado con un fondo de palmeras en blanco y negro fotocopia y un sofá rojo que tiene pinta de ser supercómodo -Si yo fuera cantante me tumbaría en ese sofá dejando caer mi hermosa melena rubia para lucir mis larguísimas piernas, y mi bacardi-cola descansando sobre la mesa de mezclas... está sonando la primera canción. Victor a la guitarra electrica, controlando un Mac y otros juguetitos electrónicos, Sergio con su voz altamente emocional, guitarra acústica y movimiento constante, de vez en cuando dándole a la bateria digital o al sofá rojo o a la flauta melódica... ¿sencillo? no tanto, más bien bonito y experimental, concierto casi tipo Casa Encendida pero con base pop-rock. Muy indie, muy efectivo. Engancha. Hay algunas canciones que no tienen nombre y eso está bien porque los títulos a veces pesan como losas y una vez puestos ya no hay quien se los quite.

El público sentado en coquetas butaquitas como para ver algo tipo monólogo o cantautor, se muestra algo tímido, aplausos comedidos entre canción y canción, hasta que poco a poco va cayendo un "bravo" un "uauuu" y hasta un "fi fiuuuuu" gracias a las ganas que le pone Sergio, cerveza a cerveza y Victor controlando. No puedo dejar de mirar las palmeras, me llaman con su falso movimiento de fotocopia en b&n. Tengo un brazo apoyado en la barra del fondo frente al escenario, a mi derecha un profe de guitarra que me promete grandes avances en un par de meses, lo que dura el verano, pero la guitarra tendrá que esperar por qué yo, este finde, me escapo a cualquier playa, no sé si sola o acompañada, ni sé si querré volver, aunque si me pongo de vez en cuando "28" el agobio veraniego sobre secano se me hace mucho más llevadero.