27 jul. 2008

UKE + .dot TAPE dot. Noche de cuento


Ateneo Madrid: lugar que suena a institución cultural recia. En su interior museístico decadente una larga fila interminable de señores decimonónicos en formato retrato nos dan la bienvenida una vez superada una larga escalera de las que crujen que parece conducirnos a una máquina del tiempo oxidada. Llegamos a un vestíbulo donde un juego de señoras estilosas charlan animadamente sin perder la compostura hundidas en unos sillones por los que han debido pasar ilustrísimos traseros. Me asomo al bar. Profundamente oscuro y cerrado. Desembocamos en el teatro coqueto de estilo neogriego donde podríamos asistir a un concierto de cuarteto de cuerdas y o un recital de poesía, pero no, esta noche no me he vuelto clásica. Lo que encontramos en el escenario es un conjunto de instrumentos aparentemente mucho más ligeros, como una bateria, un bajo, un bouzoki? y una mesa con ordenador, y en primera línea, una colección de instrumentos infantiles.

.Tape. inician el concierto borrando rápidamente cualquier rastro de sensación polvorienta de tiempo estancado. Sonidos en miniatura, metálicos como gotitas de agua rebotando en el estanque de un cuento infantil fluyen de manera automática mientras un batería da caña a los pececillos de colores que parecen juguetear entre las cuerdas del bouzoki y el bajo. Aire fresco. Me gusta tanto que al final decido comprar un disco. Pero cuál? me dejo orientar por el músico, un tipo de aire despistado, con gafitas y el pelo alborotado propios de su condición de artista experimental. No me lo pone fácil, puesto que "todos los discos son diferentes y ninguno se parece al concierto de esta noche", tampoco a la hora de autografiarme el CD -"no me hagas esto!" -"Qué te pongo?"- No sé, pon "Hola", por ejemplo.- y un Hola es lo que se me ha quedado grabado en el libreto del disco.


fuente:ambulatore

UKE. De pronto los instrumentos musicales infantiles que parecían sólo adornar el escenario, cobran vida. Un piano de juguete, unas campanillas de colores, un ukelele, un xilófono, un pajarillo enjaulado o unos trozos de papel rasgado son algunos de los elementos con los que la pareja formada por los niños mayores Roberto y Laura juegan como dos duendecillos atrapados en un bosque animado azul dando cuerda a su pequeña gran orquesta de juguete. Mi corazón de pulguita asombrada da saltitos de felicidad sobre los asientos de este teatro atrapado en el tiempo reconvertido en circo de sonidos fantásticos.

Que noche más rara donde nada es lo que parece. El tiempo y el espacio se juntan, se mezclan ye explotan en forma de puntitos de fantasía.

El Moscow. Acabamos sin saber cómo en una taberna irlandesa que al bajar las escaleras se convierte en un lugar de concentración de góticos y góticas. Entro en el baño, me miro en el espejo y el reflejo me devuelve la imagen de una niña sin maquillar que se ha vestido de negro sin quererlo ni beberlo, que se hace casi transparente engullida por una cohorte de vampiras, Marilines negras y novias de Tim Burton. Los dedos de mis pies desnudos se encogen sobre mis chanclas al acercarse unas plataformas sobre las que se alza un drácula con sangre de red bull. Me voy a la cama.