18 ago. 2008

SONORAMA 2008

En un C3 azul cielo de verano viajamos cuatro chicas en busca de un fin de semana festivalero pudiendo comprobar que en medio de la meseta castellana también hay vida. Sólo un inconveniente, de noche hace frío y sin previo aviso, llueve. El cartel parece más humilde que el de otros festivales playeros pero para mí tiene al menos cuatro puntos fuertes a los que agarrarse: Quique González, Ivan Ferreiro, Deluxe y Triángulo de Amor Bizarro, y como siempre que se va a la aventura, te puedes encontrar con sorpresas interesantes.

El viernes, entre canjear entradas por pulseritas y asentar el campamento se nos fue la tarde. Un cartel nos avisa de la segunda caída sónica después de la de Lagartija Nick, Facto de la Fé que dias antes fueron víctimas de un accidente "laboral". La zona de acampada se extiende a lo largo de un parque-pinar que proporciona sombra segura al calor humano que se desbordaba de los limites impuestos por el ente organizativo. Cuando llegamos ya estaba todo el pescado vendido. Nos costó pero al final de la larga franja de tiendas encontramos un apretadísimo hueco donde calzar nuestras quechuas. Lo bueno es que ya no hace falta ser experta montañera para montar una tienda, ahora se lanzan al viento y caen al suelo perfectamente infladas y olvídate del tema de las varillas metiéndose por donde no deben. Lo de clavar piquetas, sin embargo, no te lo quita nadie pero siempre hay un vecino dispuesto a prestar su martillo.




Después de hacernos una mini-cena no dirigimos al recinto musical. Dos escenarios se alzan en un entorno poco agraciado (la zona industrial de Aranda de Duero donde las vistas no son nada espectaculares, una vieja nave en demolición de la cadena de electrodomésticos Idea parece un patrocinador más del festival). Lo más agradable del recinto sin duda estaba en el cielo con su luna llena ajena al momento eclipse del sábado iluminando al clásico escenario Heineken y el Ribera del Duero, ambos perfectamente sincronizados a pesar de los cambios de horarios nos hicieron movernos desde The Gift hasta Sidonie, pasando por mi gran descubrimiento del festival, Gogol Bordello.

Imaginé un festival tirando a pop blandito con alguna excepción y así fué, los gitanos punkies dieron una lección de energía resultado de una mezcla de nacionalidades de lo más variopinta. Desembarcaron invandiendo el escenario como una troupe de piratas con un loco saltarín con mostacho de capitán, un violinista talludito con más ganas que Keith Richards y dos gogós instrumentistas con mini-shorts entre otros. Se hicieron rápidamente con el público gracias a sus armas musicales: violin, acordeón, guitarra y mucha percusión al ritmo de una mezcla entre folk, country, rock, punk celebrando a lo grande pisar tierra firme.



(El frío polar me obligó a visitar la zona de merchandising donde me hice con una estupenda sudadera con motivos vitivinícolas)

Después de tanta fiesta balcánica, Lory Meyer, Cooper y Sidonie se me hicieron planos y aburridos. Lo siento. De pronto me chocó ver como se descafeinaba el "Como yo te amo" que cantara la Jurado con tanta profundidad, en la boca de los Niños Mutantes. De Nada Surf nada puedo decir puesto que me los perdí. Tampoco llegué a los TAB ¿dónde estaba el escenario Carson?

Dormir en una concentración festivalera nunca ha sido fácil. Las paredes de plástico no sirven para amortiguar los gritos de los que se empeñan en quedarse afónicos para certificar que se lo han pasado genial, o los jadeos de los vecinitos de tienda, sin contar con las formaciones rocosas inesperadas debajo del saco. Por supuesto esa noche llovió durante horas.

Al medio dia siguiente asomé mis ojeras al exterior para rescatar las zapatillas que imaginé llenas de barro. Sin embargo, el suelo arandeño debe ser superabsorbente puesto que no quedaba ni rastro del diluvio de la noche.

Sábado- Con el cielo medio gris y algo de frío nos acercamos al pueblo sin pasar por la ducha. Poco que hacer ante la mega-masa de sonorámicos haciendo cola delante de la zona de saneamiento: cuatro duchas de agua helada más una fuentecilla donde lavarse los dientes. Lo de las cabinas de wc portátiles tampoco fue agradable. Por la noche, ojos que no ven, nariz que no huele, pero a plena luz del día te salen ojos gigantes de las fosas nasales ante tanto abono humano putrefacto. Decidimos como último recurso acercamos al pueblo para lavarnos las orejas. Allí encontramos un coqueto bar con terraza y baño donde intentamos de paso comer algo, desgraciadamente hasta las 2 del medio día no se abría la cocina. Matamos el tiempo hablando de chicos y de lo difíciles que son las relaciones humanas... quizá hubiese sido buena opción aprovecharnos del almuerzo que la organización ofrecía en las bodegas. No hacía dia de piscina, que también venía incluída en el ticket (chapó por los de la organización) asi que acabamos nadando a contracorriente por las callejuelas del pueblo hasta llegar a la plaza de donde volvían los festivaleros de ver a grupos como Vetusta Morla, Aaron Thomas y Souvenir. Nosotras no. Todo no da tiempo. A cambio disfrutamos del partido de la selección española de baloncesto perdiendo contra USA en Pekín en un bar lleno hasta la bandera y un camarero agobiado pero feliz de ver lo bien que sonaba su caja registradora.

Una minisiesta por la tarde en el campo de refugiados y de nuevo a los conciertos. Esta vez con la nevera llena y el coche aparcado junto al recinto nos ahorraron unas cuantos tickets de cerveza. No sé si en este festi la gente tiene más pasta o no tiene la sana costumbre, el caso es que no se veía mucho botellón por los alrededores y más de una nos miró con extrañeza exclamando: "¡donde van éstas con la nevera si dentro no se pueden pasar botellas!" En el coche aparcado junto a la valla que daba al escenario Heineken me hubiera quedado tranquilamente toda la noche, pero me pudo la necesidad de meterme en el mogollón, así que nos acercamos a ver al Grupo de Expertos Sol y Nieve. Detrás de ese nombre de skiateurs de alta montaña granadinos se esconde J. de los Planetas. Me agobia esa forma de cantar desganada como arrastrando la voz, aunque letras como Talavera de la reina de Inglaterra y esas mezclas aflamencadas tuvieron su gracia.




Quique González comenzaba su hora dorada con el sol peleando contra los focos del escenario. Salió elegante. Él es elegante, con o sin americana y camiseta roja. Con la barba completa sin retoques ni estilismos afilados es más Quique. Para mi arrasó, sin titubeos, sin olvidos, y con ese algo especial que no encuentro en casi nadie más vaya sólo o acompañado por la Aristocracia del Barrio. Alternó canciones de Avería y redención con otras de siempre, sin faltar la mítica Cuando éramos reyes. No debió ser facil elegir repertorio para contentar a todos los fans perdidos por sus huesitos musicales. Quizá hubiera sido un detalle un poco de interacción entre Quique e Iván o Xoel puestos a imaginar. Pero da igual, para mi fue la hora más redonda y mágica del Sonorama y sólo por ese ratito mientras anochecía mereció la pena el viaje.

Después, sin prisa, nos fuimos a ver a Love of Lesbian con su Niña imantada y su Cuñado Fernando fuera de temporada. Luego nos arrimamos a Iván Ferreiro con su intensidad habitual, su personalidad concentrada y su simpático hermano Amaro crecidos ante la influencia del eclipse lunar coronando la experiencia arandeña. Saltamos del Columpio Asesino hasta nuestro recinto particular con nevera portátil que es desde donde mejor se puede escuchar a este grupo de música densa. De vuelta al recinto descubrí a Deluxe por primera vez en directo, me encantó ese look de estudiante de Físicas que se viste con lo primero que pilla en el armario.

Me costó llegar hasta el final de una noche de concentrado musical sin que me flaquearan las piernas así que corté antes de ver a NajwaJean a quienes escuché desde la tienda mientras mi columna vertebral se plegaba contra el duro suelo.

Esa noche no llovió. Los vecinos no molestaron. Pero una sonámbula a mi lado gritó "No os acerqueis! no veis que puede ser muy peligroso!" La tierra castellana y la luna llena crea monstruos... Amanecí a las 11 y media. Desmontamos el campamento y corrimos hacia Madrid donde parece que sigue siendo agosto.