20 oct. 2007

Rockdelux Music Weekend y la extraña pareja

18 de octubre 2007

Detrás de cada nº la revista Rockdelux siempre hay un gran disco. Normalmente suelo encontrar alguna novedad interesante. Este otoño Rockdelux organiza un mini festival para convertir el papel y el plástico en carne y hueso, para ello sube al escenario de la sala Heineken de Madrid a unos cuantos clásicos indies : Eef Barzelay, Wedding Present y la extraña pareja formada por Nacho Vegas y Christina Rosenvinge.



Estos últimos llaman especialmente mi atención. He seguido la trayectoria de Christina desde lo de la OTI con aquel lejano pop infantil. Después pegándole al rock. No lo hacía nada mal para el esmirriado panorama musical femenino de aquella época. Luego no se que pasó. Su lado cañero sin sus "Subterráneos" derivó hacia una música tan alternativa, que parecía entender sólo ella y los modernos de la época. Emigró a Nueva York donde las orejas parecen servir para algo más que para protegerse de los indeseables triunfitos. Allí su lado oscuro llegó a su nivel más refinado y menos comercial. Un día Christina regresa a Madrid y se encuentra con Nacho Vegas. Nacho es desgarbado, grande, se mueve poco en el escenario, lleva un sombrero incrustado con el que parece reprimir algún secreto interesante que no ha de volar demasiado lejos de su cabeza. Es tímido, eso dicen siempre los que se suben a un escenario.

A los tímidos les cuesta salir los primeros, así que empezó Eef Barzelay. Israelí de extraño nombre con un segundo disco en solitario, nos mantuvo en una rara tensión durante 45 minutos, acelerando y pisando el freno de su guitarra zurda entre contenida e histérica. Balanceando su largo cuerpo y su cabeza de un lado a otro, parecía molesto por algo. Quizá con otro look, sin gafas, sin camisa de catequista, sin tanto exceso de gesticulación como diciendo "voy tan sobrado que me aburro en el escenario", me hubiera convencido.




The Wedding Present continuaron mucho más en su papel de grupo consolidado, con un David Gedge, madurito, más entregado que Eef y sin aspavientos. Tocaron con energía juvenil canciones de ayer, hoy y siempre que sonaron esta noche tan frescas como hace 20 años. Rock rápido con el que bailar, saltar y empujar a los que quieren meter el codo en mi reducido milimétrico cuadrado de espacio vital que apenas me da para subir el brazo y echar alguna instantánea que otra.




Mi limitada movilidad se redujo a ínfima cuando subió al escenario la última y esperada pareja de la noche: Chris y Nacho. Los fans de ambos se hicieron fuertes. Del indie-rock acelerado pasamos al initimi-indie, la parejita de la noche presentaba "Verano fatal" un proyecto conjunto de 7 canciones, inusual para dos tipos aparentemente lejanos en el tiempo y en el espacio musical. Yo ya tenía una mochila metida en la boca. Un camarero intentó bajarme de la escalera donde me subí para no perder detalle puesto que no llevo tacones, no me queda otra. Me hice la sueca y volví a tomar posiciones. Para entonces la pareja, de negro riguroso, tomó el escenario.

Comenzaron un juego musical consistente en tocar canciones de su proyecto en común alternadas con canciones de sus respectivas carreras. Lo primero que sonó fue "Me he perdido". Aunque desde el primer momento tenían al público en el bolsillo, ellos tardaron en coger confianza. El timbre dulce, la tez pálida de Christina se fundía como la mantequilla en la voz acogedora de Nacho quien parecía dedicarle esta canción a la chica nórdica "agazapada bajo sus 43 candados", una sencilla melodía aderezada con el banjo de Xel Pereda, quien por cierto acaba de presentar un muy muy interesante proyecto junto a Nacho: Lucas 15, actualizando canciones populares asturianas.


Ella dejó la guitarra y se sentó al piano. Sonaba "Que me parta un rayo" título-homenaje a la época rockera de Christina que parecía acariciar las teclas con este tema viajero de tiempo, desamor y cigarrillos con armónica. Fue el tema de la noche junto con "Humo", atmosférico y envuelto en inquietantes notas de piano.



Nacho eligió una canción de Christina de su primera época "Dias grandes de Teresa", Ella eligió "El hombre que casi conoció a Michi Panero" que los adictos a Nacho corearon íntegramente. Christina sonreía contínuamente y Nacho puede que también en su interior. Siguieron canciones más o menos intensas como "Ayer te vi" en el metro de Noviciado... culminando con la guitarrera "Verano Fatal", que acabó sonando casi como un himno "Para ser un buen cantante tienes que desafinar" que puso el punto y final a un concierto mucho más interesante de lo que parecía a primera vista. Este par promete, sea cual sea su diferencia de edad. Me gusta esta asociación musical y me gusta que las 43 flores raras de Christina resuciten de su noche cerrada.