6 may. 2005

QUIQUE GONZÁLEZ

Viernes 29 antes del Puente de Mayo. Decido retrasar el inquietante momento Gran Atasco y me quedo en Madrid. La ocasión lo merece, Quique González estrena disco. Artista de primera, aunque desconocido para la Gran Masa e incluso para la pequeña... la gente pone gesto de ?! cuando hablo de él.leo en Rolling Stone: “Sencillo y majete, pero su nombre artístico es de jugador de Segunda B”. Osea, el vecinito del barrio de al lado que no juega en la liga de la estrellas porque está fuera de las leyes del mercado. Pero esto sin duda le da un valor añadido a las que nos gusta más el deporte en directo que por televisión.


Aún pica el sol cuando el Desaparecido y yo entramos en el centro comercial de la Ermita del Santo (dentro, la sala Aqualung) con sus columnas, sus capiteles, su aire a salón de bodas barato. Por cierto, no menos hortera es el lugar donde Quique presentaba este mismo disco: Fnac del centro comercial Plaza Norte, gigantesca cúpula de espejos, balaustradas, enormes arañas colgando del techo y mucho mármol pulido, y mis zapatos resbalando sobre aquella enorme superficie capitalista... Todo esto, según me va lloviendo de la azotea me va sonando a terrible paradoja. Quique, que en su cuarto disco decide abandonar discográfica e ir por libre para seguir las leyes de su propia conciencia, ahora en este quinto, refuerza su espíritu de auténtico independiente reapareciendo triunfal y más americano que nunca. Empezando por el título de su nuevo trabajo, “la noche americana” construida a base de hoteles solitarios, donde se lavan las heridas ex boxeadores, yonkis del 73, taxidrivers atrapados entre dulces Alhajitas y chicas robadas a gerentes de restaurants... América siempre, pero no la America de Mcdonals o Britneys , sino la de los que se juegan su fortuna por una poquita mirada y apuestan en solitario en bares oscuros o en grandes escenarios acompañados de músicos de lujo: David Gwynn, rockero clásico con un dominio absoluto de las cuerdas, Jacob, Jurado y Joserra Semperena al hammond y naturalmente Eduardo Ortega, que lo pelea todo, aparte del violín.



Superado el shock arquitectónico, me rindo, casi desde el primer round ante uno de los mejores conciertos en lo que llevo de año y me empapo desde una situación privilegiada: Centro del foso y sobre los escalones que me dan la altura suficiente para no perderme una gota de sudor de los púgiles. Visibilidad total y audición perfecta. Acostumbrada a perspectivas complicadas: lateral izquierdo, mesa junto a columna, escondida detrás de cabezas de gigante..., Por fin puedo decir que he visto a Quique de frente y en estereo. No me creo mi suerte.
Quique se mete de lleno en su papel, elegante en traje de chaqueta y americana, como no podia ser de otra forma... tira la casa por la ventana y nos muestra su lado más rockero. Las guitarras suenan más potentes que nunca alternando electrico y acústico, aunque a veces le sobran los instrumentos y agarra con fuerza el micro para cantar aquello de “aunque tú no lo sepas...” o recordarnos aquella "ciudad del viento", "músico de guardia", "salitre"... , tambien se atreve con el piano, sólo, sin orquesta susurra entre venas "hotel solitario" y "el rompeolas".
La magia y la intensidad crecen según avanza la noche. Quique canta con los ojos cerrados y los dientes apretados como mirando hacia dentro, arropado por los amigos de siempre, como Pancho Varona que sale a entonar “se equivocaban contigo”, Guille Martín (el calvo de Carabanchel) guitarreando en "Hotel los Angeles"; Chaouen, mezclado entre el público y... humildemente yo, que siempre me quedo sin escuchar aquella de “con vistas al mar” . Ojalá en la próxima. La apoteosis final llega con el "Backstage", las guitarras luchan con las cuerdas que parecen querer escapar a gritos. Miro a mi alrededor, delante de mi un par de chicas no han parado de hablar ni un sólo momento, el resto bailamos, tarareamos o nos quedamos mudos ante tanta energía.
Despues del último bis, Eduardo Ortega remata el final del concierto con un tremendo golpe de piano donde las teclas junto con el cenicero vuelan por los aires. Las caras de los fieles, completamente extasiados expuestos al sol y la carne "el mundo vibrará como una inmensa lira bajo el estremecimiento de un beso inmenso..." (Rimbaud). Yo tambien me llevé mi parte en medio de la Ciudad del Viento.
Desaparecido y yo acabamos tan secos que nos vamos a la barra a rellenarnos de sangre amarilla. Junto a la barra comentamos el "combate", nos cruzamos con viejos amigos y muchas caras conocidas, los fieles a Quique no somos multitud pero si completamente incondicionales.
con el Mini a medias nos barren literalmente de la sala, que tiene que quedar perfecta para el Deep de madrugada.

Buscamos un rinconcito donde terminar de rellenarnos y salimos del Aqualung. El campeón y sus muchachos están fuera rodeados de rubias de ciudad. Colchones gigantes les esperan en algún hotel de Madrid. Lástima. Yo no soy rubia.