24 abr. 2005

BATUKADA RETIRO



El Retiro es el pulmón verde de Madrid. Un pulmón con un punto negro en el centro: El estanque. Lago de apariencia inofensiva donde el azul del cielo se diluye entre inocentes barquitas. Sin embargo, no hay más que atreverse a remover el agua para darse cuenta que el fondo es un lodazal poblado de una fauna hambrienta de bichos de color pardo con boca en forma de potente ventosa, las carpas, animalitos mutados en pirañas que se comen todo lo que atrapan nadando en una auténtica ciudad sumergida. En la última limpieza del estanque se rescataron 200 sillas, 40 mesas, numerosos teléfonos móviles...

Pero no es ésta la única mancha del famoso pulmón. Junto a esta espeluznante especie acuática, coexisten otras faunas autóctonas igualamente dañinas para el confiado turista o dominguero: Camellos, carteristas, bandas de mangantes, expendedores top manta... especies todas ellas, tan comunes como las propias carpas, y perseguidas incansablemente por los agentes de limpieza que poco pueden hacer para mantener bajo control las plagas que nos acechan.



Me hallaba en compañía de JLu charlando alegremente sobre el cesped de tan bello lugar cuando el eco de unos tambores lejanos rompieron el silencioso aleteo de pajarillos y ardillas huidizas. Decidimos seguir la llamada de la selva, pero al levantarmos descubrimos un nuevo agente extorsionador: Excrementos caninos y su aroma inconfundible decorando mi pantalón y la cazadora de JLú, que nos llevaron a otro desdichado descubrimiento: la ausencia de fuentes en el parque, si quieres agua potable vete al quiosco más cercano y paga un euro por tu pequeña botellita de agua fresca. Una vez superada tan desagradable experiencia, llegamos al lugar de la tamborada que no es otro que la columnata del monumento de Alfonso XII donde la sonoridad es perfecta gracias a la concavidad del monumento que funciona como un altavoz gigante.

A lo largo de la columnata encontramos dos grupos bongueros diferenciados: a la derecha unos tipos con un variado y profesional equipo de instrumentos de percusión: Bongos, tambores, timbales... marcando el ritmo perfectamente compenetrados entre sí; A la izquierda, un grupo de espontáneos intentando seguir el ritmo de los primeros aunque con mucho menos éxito. Y Alrededor, una variopinta selección de espectadores de lo más dispar: Turistas de cualquier nacionalidad, erasmus, familias de ecuatorianos, niños de todos los tamaños, los ya clásicos yonkis, gente "normal", rastas, alternativos, jubilados, enamorados, camellos perseguidos por polis, polis buscando camellos...



JLu y yo nos sentamos en la escalinata a disfrutar del ambiente. Una yonki ochentera baila al ritmo de los tambores con un marcado estilo propio, a nuestro lado una pareja de ejecutivo+secretaria se dicen cosas al oído, tienen pinta de amantes descarriados; más allá un grupito de adolescentes no se pierden un solo movimiento de los timbales, sobre las columnas un loko haciendo equilibrios imposibles; una señora con todo su equipaje encima bebe en botella; un carrito de bebé se cruza junto a la posible mujer rusa de los bolis-pistola, la poli se pasea a sus anchas por el recinto columnado, rodean al tipo de la camiseta naranja, le cachean y le vacían los bolsillos. Abucheamos la intromisión del cuerpo nacional en este remanso de convivencia intercultural.
Cae la tarde.